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La Aldea Global y el Puerto Rico soberano e independiente – II

Monday, January 8th, 2007

Carta Abierta
La Aldea Global y el Puerto Rico soberano e independiente – II

Luis A. Ponce y Julio Ortiz Luquis*
ESPECIAL PARA CLARIDAD

“Si algo demuestra la experiencia práctica del siglo XX
es que no hay una sola nación por pequeña, frágil,
distante y huérfana de recursos naturales que sea,
que no pueda sobrevivir y prosperar
si sabe utilizar inteligentemente sus ventajas comparativas.”
Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano, pág. 57

Desarticulados los mitos principales de la independencia –que de repente no habría actividad económica y el hambre nos arroparía, y nuestra seguridad se vería instantáneamente amenazada–, entendemos que no hay que esperar al advenimiento de ésta para demostrar la capacidad e interés de nuestra nación de integrarnos y participar como actor en la política y comercio regionales e internacionales. Históricamente el Departamento de Estado federal le ha negado al gobierno de Puerto Rico la facultad de participación y una personalidad internacional al ELA en foros internacionales y en acuerdos bilaterales. Ante esta vergonzosa realidad el movimiento independentista y soberanista tiene ante sí una misión impostergable de acentuar y desarrollar al máximo la paradiplomacia puertorriqueña. El fenómeno de la paradiplomacia es sintomático de naciones sin estado que trabajan por una identidad diplomática única y una proyección internacional (por ejemplo, El País Vasco, Cataluña, y Escocia). Puerto Rico tiene que ser miembro completo o asociado de cuantas organizaciones internacionales le sea posible para impulsar sus intereses económicos. Las gestiones paradiplomáticas del gobierno de Puerto Rico añadirán mas presión a los Estados Unidos para acelerar, facilitar y garantizar el libre ejercicio de nuestra autodeterminación y soberanía. Ya lo dijo Betances: “querer ser libres es empezar a serlo”. Una nación que está mediatizada por otro estado, pero actúa en función de su soberanía natural, ya está de hecho autodeterminada y “la bola estará en la cancha” de los que tienen que respetar el derecho internacional y la voluntad del pueblo puertorriqueño.

Íntimamente ligada a las gestiones paradiplomáticas puertorriqueñas tiene que estar la creación de una Escuela Superior, a nivel subgraduado y graduado, de Relaciones Internacionales, Diplomacia y Resolución de Conflictos. Esta institución educará a nuestros jóvenes en la labor imprescindible de insertar a Puerto Rico en el mundo y representar sus intereses dentro de organizaciones internacionales y no gubernamentales. También producirá conocimientos en este campo y dotará a la juventud puertorriqueña para trabajar en el sistema de la comunidad internacional (ONU, sus Cuerpos y Órganos Consultivos) y en cooperación y proyectos de desarrollo local y comunal en Puerto Rico y el resto del mundo. Al mismo tiempo, la Escuela potenciará la creación de organizaciones de cooperación no gubernamentales locales y entrenará diplomáticos expertos en relaciones internacionales y economía internacional para aportar nuestro grano de arena a lo que tiene que ser la integración política y económica de nuestro Gran Caribe. El respaldo debe provenir inicialmente de fuentes privadas y de los movimientos cívicos, autonomistas e independentistas puertorriqueños dentro y fuera de la Isla.

Resulta muy significativo que islas caribeñas independientes como Santa Lucía, Dominica y Jamaica, tengan una larga experiencia diplomática en foros internacionales de toda índole y dentro de proyectos efectivos de cooperación regional. Es hora de que Puerto Rico se inserte en esta corriente regional que les ha traído tantos beneficios económicos y estratégicos a estas islas que han ejercido su soberanía dentro de esferas internacionales, para así añadir presión a nuestro caso.

El respaldo a la autodeterminación de Puerto Rico ha sido históricamente incondicional por parte de nuestros hermanos caribeños. La representación de Santa Lucía, una isla de sólo unos miles de habitantes, ejerció gran influencia sobre el tema de la descolonización de Puerto Rico en la ONU por medio de su representante Julián Hunte. Éste expresó que la importancia de esta discusión en el pleno de la Asamblea General es “para que estos asuntos se aclaren, y que el pueblo de Puerto Rico pueda moverse hacia adelante en el ejercicio de su derecho a la autodeterminación.” En la Isla, sin embargo, tenemos a muchos políticos que insisten tratar el asunto del status exclusivamente con el Congreso de los EE.UU., a pesar de que el mismo nunca ha actuado para cambiar nuestra condición de territorio no incorporado desde principios del siglo XX.

Las islas caribeñas agrupadas en el CARICOM (Comunidad Caribeña) se han embarcado en los últimos 30 años en un plan de desarrollo a través de la integración económica y política del Caribe que ha redundado en crecimiento económico y de sus niveles de vida. Su integración es una en constante desarrollo. Esta unión le valió una defensa admirable de su industria bananera durante la década de los noventa dentro de la OMC, aportando así a la presión internacional por un régimen comercial más justo que vele por el bien de las naciones en desarrollo.

Actualmente en Jamaica hay más usuarios de Internet que en Puerto Rico. República Dominicana tiene comercio activo, constante y bilateral con el resto de las islas caribeñas en el campo del turismo que le permite acceder a una industria turística integrada con múltiples paradas y servicios a través del Caribe insular. Los logros económicos de Barbados y Trinidad y Tobago son muy conocidos ya que han alcanzado un sistema educativo de primera dentro de unas economías en franco crecimiento. Esta expansión económica, energética y política del resto del Caribe se ha dado a partir de sus paulatinas independencias que le han permitido crecer defendiendo y velando sus intereses económicos, políticos y sus estrategias de desarrollo.

Las gestiones mencionadas anteriormente persiguen agilizar la acción de los sectores gubernamentales, políticos, económicos y sociales para la eventual descolonización, autodeterminación e independencia de Puerto Rico. Esperar el naufragio de un estatus político o recostarse de la imposibilidad de otro, por más evidencia disponible que lo confirme, es injustificable porque ante la crisis actual la lucha por nuestra soberanía no puede postergarse: tiene que empezar ahora.

Con el despertar soberanista dentro de las filas del Partido Popular Democrático (PPD), le toca al movimiento independentista descargar su responsabilidad para con Puerto Rico y unirse en un frente patriótico. El independentismo tiene que unido dar la batalla en todos los foros posibles (el civil, electoral, comunitario e internacional) y dejar claro que una vez alcancemos la soberanía, nadie la va a regular o restringir. Nuestra independencia será autóctona y basada en los valores puertorriqueños ya históricamente fundados en la ayuda mutua, justicia social y bienestar colectivo.

* Segunda y última parte de este artículo, cuya primera parte publicó en la edición 2794, del 7 al 13 de septiembre de 2006, página 42. Luis A. Ponce se graduó de la Escuela de Servicio Extranjero de la Universidad de Georgetown, Wáshington, DC. Julio Ortiz Luquis posee un Magíster en Relaciones Internacionales de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY).