NUESTRO MAS GRANDE ERROR DEL SIGLO
por Jose Enrique Ayoroa Santaliz
 
Palique, el periodico del fin de la semana viernes 29 de enero 1999
El comienzo de este ultimo ano del Siglo Veinte es tiempo apropiado para echar atras el recuerdo, hacer inventario y preguntarnos cual fue el mas grande error, especifico, singularizado, que cometio Puerto Rico a lo largo de estos pasados cien anos. Es de sabios el aprender de nuestros errores y siempre debemos intentarlo. En mi opinion, el mas grande error que cometimos durante este Siglo fue el eliminar el tren que circunvalaba las geografia costanera de nuestra isla grande. Hoy dia no hay condiciones, mucho menos suficiente dinero, para enmendar o subsanar aquel error imperdonable.

¡Cuantos problemas se habria ahorrado el pais si hubiera tenido durante estos pasados cuarenticinco anos un tren moderno que, como minimo, circulara por toda la costa, como hacia el que cerramos el domingo 20 de septiembre de 1953! Aquel tren le servia a Puerto Rico a lo largo de sus costas desde San Juan hasta Ponce y, en combinacion con la linea de la Ponce and Guayama Railroad Company, desde Ponce hasta Guayama.

En su parte oriental, iba desde San Juan hasta Carolina y, en combinacion con las lineas de la Fajardo Development Company y las lineas del Ferrocarril de Oriente, desde Carolina hasta Humacao y Fajardo, partiendo desde la estacion central, en la zona portuaria del Viejo San Juan, al oeste de lo que hoy es la sede del Departamento de Hacienda.

La estacion de Martin Peña, importante para los estudiantes de la UPR, estaba en lo que hoy es el parque de estacionamiento del edificio del Banco Popular, en Hato Rey. En ese lugar la via se bifurcaba. Una via seguia la ruta hacia Bayamon, al margen de lo que hoy es la Avenida Roosevelt. La otra seguia hacia Rio Piedras, con destino a Fajardo, a traves de lo que hoy es la Avenida Gandara. La estacion estaba ubicada en lo que hoy es el porton Sur de la UPR.

Desde luego, aquel tren resultaba obsoleto a la altura del año 1953. Era preciso reemplazarlo por uno moderno, adecuado a los tiempos y con vision de futuro, si bien ello requeria entonces un considerable desembolso economico. El error imperdonable fue eliminarlo. Al mejor cazador se le va la liebre, y a los corifeos del cacareado ³progreso-que-se-vive: se les fue el tren. Piense el amable lector por un momento lo que se hubiera economizado el pais, sin mas, solo en el pago excesivo de petroleo para automoviles familiares que habrian resultado superfluos o innecesarios de haber existido un tren funcional, eficiente, que sustituyera al envejecido. ¿Cuantos embote-llamientos de transito nos habriamos evitado? ¿Cuantos camiones habriamos sacado de nuestras autopistas?

En definitiva, ¿a quien favorecio el error de eliminarlo, que no fuera a la industria automotriz de Detroit y a las compañias gasolineras?

El tren que eliminamos era francamente vetusto. Para que usted sepa cuan añoso era, le digo que el gobierno español, por Real Orden del 15 de abril de 1888, le adjudico a Don Ivo Bosch Puig, la concesion para la contruccion y explotacion de la red de ferrocarriles de Puerto Rico por un periodo de noventinueve años, garantizandole a Bosh Puig el 8% sobre el capital invertido en la construccion de las lineas. Los trabajos de constuccion del ferrocarril en Puerto Rico comenzaron alrededor del 15 de octubre de 1888, bajo la direccion de los ingenieros do Antonio Ruiz Quiñones y don Tulio Larrinaga.

Aunque a lo largo de los años hubo varios acomodos corporativos, en uno de los cuales un grupo de inversionistas franceses controlo la empresa, la operacion siempre fue dirigida por la Compañia de Ferrocarriles de Puerto Rico. A persar de que se trataba de un servicio revestido de alto interes publico como es la transportacion masiva, simpre estuvo en manos de una empresa privada. O sea, que esto de la ³privatizacion² de los servicios publicos no es nuevo. El hecho de que lo construyeran ingenieros, tecnicos y empresas europeas fue la raiz en definitiva de los escollos que eventualmente se esgrimieron como justificacion para eliminarlo. Veamos.

Las vias ferreas europeas y, consiguientemente, las de nuestro tren, eran mas estrechas entre carril y carril que las vias que se usaban y se usan como patron en los Estado Unidos. Asi las cosas, la modernizacion de nuestro tren, al modo de los trenes estadounidenses, reclamaba, para comenzar, la ampliacion o sustitucion de nuestras vias ferreas. Concomitantemente, el hecho de que habia que importar de Europa los equipos y las piezas de repuesto o reemplazo encarecia su costo. Mas aun, nuestro sistema ferroviario contaba con una sola via en sus trayectos principales, por lo que los trenes que viajaban en direcciones opuestas por la misma via debian detenerse en determinadas estaciones, en desvios y esperar por la llegada del otro, lo que retrasaba los viajes. En fin, era preciso hacer una considerable inversion, sin duda, para modernizar nuestro tren de arriba abajo, con una sabia vision de futuro.

Sin embargo, esa inversion para proveerle al pais un tren adecuado para su presente y para su futuro se justificaba ampliamente. Teniamos lo esencial: la titularidad de los terrenos donde estaban enclavadas las estaciones y los talleres de reparaciones, la titularidad de los terrenos por los que discurrian sus rieles, y las servidumbres de paso y los permisos de uso? ¡Pregunte cuanto le costara al Tren Urbano, que esta en construccion, el tramito que va de Bayamon a Rio Piedras?

El gobierno de aquellos dias no tuvo, a mi juicio, esa vision de futuro en lo que respecta a nuestro tren. No adopto una politica previsora, visionaria. Con sus brazos cruzados ante la evidente debacle, permitio que aquella empresa privada que prestaba un valioso servicio publico se fuera a la quiebra y que su maquinaria se vendiera en publica subasta, como chatarra, por una suma irrisoria de dinero, como dijo Don Aurelio Tio en un articulo periodistico titulado ³Breve historia de los ferrocarriles de Puerto Rico².

El domingo 20 de septiembre de 1953, a las 7:20 a.m., el tren de Puerto Rico partio desde la estacion central en el Viejo San Juan, con rumbo a Ponce, ululando hacia su muerte. En el anden, cariacontecido, quedo nuestro sentido de prevision.
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